donde nada parecía poder sorprender aún,
apareció un misterioso personaje,
quien, empezó usando un manto
y terminó usando uno opuesto,
quien aprendió a jugar
el juego de las encomiendas
y vivió entre demonios rojos,
contabilizando las fechorías,
siendo servil con el Señor de lo Oculto y Perdido.
Luego se rebeló, ya había aprendido mucho,
se volvió un demonio color crema y quizás pensó
que se sentiría más a gusto
entre demonios anaranjados,
bestias despiadadas que aún reinaban.
Con ellos se entendió muy bien,
asumió el papel de mona vestida de seda,
perfeccionó sus artes de descaro,
se deshumanizó y perdió su instinto de supervivencia,
se llenó de violencia, bebió, comió, gozó como quien más,
se olvidó del sentido irónico de la vida,
si es que alguna vez pudo percibirlo,
había crueldad en su comportamiento,
despreocupación en sus actos,
tontería en sus palabras
y el corazón se le llenó de un lujoso afán de estrella
en medio de tanto set atiborrado de pobredumbre y pestilencia,
sonriéndole a su destino, el que tarde o temprano
terminará por darle el premio y reconocimiento que siempre
buscó.
18/09/24