Fui el jardín de una flor
que jamás fue plantada.
Embellecía esta yerma tierra.
Juro que fue tan perfecto que no pudo ser.
Ha dejado la flor un espacio
que se resiste a ser habitado.
Y ahora lo colman los fantasmas
de su inolvidable ausencia.
Es cierto, ya no está. Se ve.
Pero deseo poder sentir sus raíces,
al menos una vez en la vida,
en mi pecho, feliz, entero.
¿Acaso no fue esta flor la primavera?
Hay una flor que ha
fertilizado este jardín
con su adorada falta
y su inevitable carencia.
06/11/25
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