El mundo
en el que vivo
no
empatiza con
la melancolía.
Es un pecado,
la empatía;
una maldición,
ser melancólico
y sintiente.
El mundo
en el que vivo
no abraza el dolor,
solo la pose
ante el dolor.
Pensar en
quien vive carente
o es amigo
del desconsuelo,
es de baja calaña.
Lo mejor
es pensar en sí
mismo;
la solidaridad,
una vergüenza.
El amor puro
es un escándalo.
Si no tiene
usufructo,
no es amor.
La
pasión
es
lo que
cuenta.
El sexo,
los placeres,
la satisfacción
propia,
la diversión
propia
es la moneda,
lo adorado,
mundo de egos,
mundo de escudos.
04/11/23
04/09/24